retrobada

Ens hem llençat carretera avall. Sense frens, avís previ, ni chaleco lluminós.

Hem xocat contra les nostres veritats que feien pampallugues com intermitents exclamant alguna cosa.

Hem arrivat al cap de carrer sense esfaltar i ens hem cregut volàtils mentres la nostra carn agonitzava cremant-se a l’asfalt.

i ens hem deixat morir.

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huellas

Plantaste en mi una semilla. El amor loco por la naturaleza y por cada pedazo de vida que inunda este mundo.

El mirar la vida de unos ojos profundos, indescifrables y a la vez los más sensibles que he conocido.

Dejaste un legado con el roce de tus dedos, amor. Con la ilusión de tus manos y la sonrisa de niño navegando las montañas.

Quien escribe es un pedazo de ti que está en mi. Hay una habitacion en mi corazón reservada para tus abrazos y nuestras aventuritas.

Hay un alma tendiéndote la mano, esperando que algún día, coja la tuya.

Adiós. Hasta otra vez o nunca (Ángel González)

Adiós. Hasta otra vez o nunca.

Quién sabe qué será, y en qué lugar de niebla.

Si habremos de tocarnos para reconocernos.

Si sabremos besamos por falta de tristeza.

Todo lo llevas con tu cuerpo.

Todo lo llevas.

Me dejas naufragando en esta nada inmensa.

Cómo desaparece el monte

-me dejas…-,

se hunde el río

-…en esta…-,

se desintegra la ciudad.

Despiertas.

Ángel González (De A Todo Amor, 1956)

curioso

Curioso como creamos una borágine de cosas a nuestro alrededor. Etiquetas, obligaciones, restricciones, deberes.

Y lo mejor es que seguimos. Caminamos con mil losas encima, ya como una costumbre.

¿Cómo seria despojarnos de todo?, ¿quedarnos al desnudo? 
Para qué tantas capas, tanto filtro, tanto cristal translúcido con el que nos enfrentamos a la vida. ¿Qué nos ha pasado para que andemos tan acorazados?