‘a la vida le da lo mismo: tú, yo, una paloma muerta’ Pablo Casares

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No sé comer sin ensuciarme.

No sé cómo separar la ropa para la lavadora.

Me sigo petando los granos, aún sabiendo que mi cara parecerá un mapa.

Sigo dejándome la puerta del congelador abierta.

No encuentro el punto medio cuando empiezo a cañas.

No sé mantener el orden de mi habitación 30 minutos seguidos.

No supe hacerlo.

Las batallas

Las verdaderas batallas del querer no se libran en los mierda poemas.

Voy a desengañarme de una vez, la cruda batalla no se libra en algunos versos como pétalo de flor. No.

La batalla la libras tu sola en tu puta casa. Entre tus cuatro paredes en alquiler y con tus sábanas, qué mejor kleenex que ese.

Que la lírica es genial y los ingeniosos versos amontonados en las librerías también. Pero, joder, el dolor está en el aire. Ni amor ni hostias. El puto dolor es lo que respiramos, dentro y fuera, dentro y fuera.

Cuatro paredes sin ventilación alguna, un cuerpo, unos órganos, y un océano en construcción. Aquí no hay cambio climático, que venga Greenpeace a por agua salada si quiere.

Ninguno de los versos que pueda escribir va a enmendar nada. Ninguna puta palabra bien puesta va a ser es tirita de dibujitos que te dibujé en tu fanzine. Nada de eso va a hacer de Dalsy para tu corazón, que me da puto miedo saber cómo está. Tal vez por qué sé el cómo y me mato cada día por eso.

Una nube gris cargada de hachas está sobre mi cabeza, amenazando con rajar a la mínima que me pierdo entre nuestro final, que aún no entiendo muy bien.

Que les den a los versos de amor. A las palabras mágicas recitadas en los bares. A las birras de la primera cita y al terrorista suicida que tenemos dentro de nosotros.

 

Junio, 29

Y si la tierra se ha quemado, habremos de regarla. Habremos de plantarla. Habremos de cuidarla.

Y si tu corazón está acribillado por este suceder de albas grises, habrá que reforzarlo. De la misma forma que un árbol hecha raíces en esta, nuestra tierra.

Si se destruye todo cimiento. Si se hace voluble todo valor. Habrá que enmendar ladrillo a ladrillo y amansar la esperanza, que se hace hostil ante mi mirada.

Si la culpa se apodera de mi alma y mis extremidades, habrá que dejarla ir. Dejarnos ir para que nos crezcan las alas y volemos alto. Atravesemos praderas, montañas y pozas.

Doñana y tú

Estarás temblando al ver las noticias.

Tú, que amas esa tierra tanto como la tuya.

Tú, que luchas por cada aliento de vida de cada ser.

Tú, reflejabas tu pasión y esfuerzo en cada acción.

Tú, que me enseñaste ese paraíso y me sumergiste en tu universo.

A ti.

A ti, que cuidas de este planeta con las manos llenas de amor y el pecho repleto de bondad. A ti, que abrazas los árboles y las montañas. Acaricias la tierra que te vio nacer y la veneras. A ti, que esparces tus principios allá donde vas.

Lo siento.