La mierda

La mierda. El excremento emocional donde mejor está es en papel. Si es reciclado mejor, claro. Por eso de seguir la rueda orgánica y respetar al medio ambiente.

La mierda en papel y en la mano un boli. O una cerveza, depende del día, por lo general la mezcla de ambos suele ser un cóctel explosivo. Explosivo, pero en papel, otra vez. En papel. No dentro del cuerpo físico y espiritual sino en papel.

Sácalo todo. Vaciate como escribiste un día con esa tipografía tan chula que haces. Vacíate de todo lo que no te sirve para llenarte de cosas nuevas. Y cerveza.

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Vámonos

Vámonos a encontrarnos al otro lado del miedo.

Llenos de zarzas en los ojos. De historias pasadas que voy a escuchar. De heridas abiertas que voy a sanar.

Veamos frente el espejo. Sin filtros ni sucedáneos. Con la piel al descubierto.

Vámonos a que nos coja la madrugada. La tarde, la noche y quién quiera.

Bebámonos la Luna y las estrellas. Juguemos en sus cráteres y bañémonos en su luz.

Saltemos en este charco de birra y riámonos de la vida. Esa ‘cosa’ que nos ha hecho el regalo de existir aquí y ahora.

Accept

Last day of August.

What is most challenging in life is to accept. Accept that your eyes won’t meet mines anymore. Accept you are alone in this world. Accept that everything is temporary. Accept that life hurts and time goes by. Accept that I am getting old and my parents as well.

Accept that the only constant in life os change.

Quemando los días de agosto

El pasado me revolotea en las narices. Dejo caer los párpados y empieza la función. Sigo buscándole el sentido y solo encuentro un callejón sin salida. Sucio y abarrotado de dolor. Salgo del super con las bolsas llenas de esperanza y de futuro. Alzo la vista al cielo y una nube me saluda. No, no he fumado. Si fumo me ahogo, como tus ataques de besos que me dejan sin aliento.

No quiero hacer un canto al desencanto, sólo dejarme llevar por esta marea de melancolía que sube y baja, baja y sube, ajena a las leyes de la naturaleza. Sin raciocinio ninguno, para qué? El tiempo se agolpa igual que las cajas de cartón en mi casa. O como cuando empiezan las rebajas en el Corte I y el gentío se avalancha en busca de cualquier sucedáneo de felicidad artificial.