No quiero

No quiero volver a dinamitarme al abismo. Cortar las flores frescas de madrugada para clavarmelas al pecho.

No quiero. No me apetece.

No quiero beberme las agujas del reloj, ni llorar los pasos no dados. Tampoco crucificarme las pupilas.

No quiero romperme la vida en un ir y venir de pensamientos.

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Reglas

Las reglas del juego no nos son impuestas.

Son barreras construidas por nosotros mismos. Ladrillo a ladrillo a través de los años, los miedos y los ‘yo no puedo’ escurridizos.

Como las caricias del pasado. Evocadas como una reliquia y cubiertas, cada vez más, del polvo de los daños.

Daños agolpados en cada poro de nuestra piel.

La mierda

La mierda. El excremento emocional donde mejor está es en papel. Si es reciclado mejor, claro. Por eso de seguir la rueda orgánica y respetar al medio ambiente.

La mierda en papel y en la mano un boli. O una cerveza, depende del día, por lo general la mezcla de ambos suele ser un cóctel explosivo. Explosivo, pero en papel, otra vez. En papel. No dentro del cuerpo físico y espiritual sino en papel.

Sácalo todo. Vaciate como escribiste un día con esa tipografía tan chula que haces. Vacíate de todo lo que no te sirve para llenarte de cosas nuevas. Y cerveza.