‘Hemos’, en segunda persona del plural

Hemos alzado catedrales.

Hemos recorrido caminos polvorientos, dos días seguidos. Para beber. Una fugaz gota. De agua.

Aguada está la fiesta. La de la vida. La de no apreciar ni este puto atisbo de suplicio en el la mujer vestida con harapos que va pidiendo a la salida de tu esplendorosa urbaización.

-Rollos a parte-

Hemos respirado la ahogante nubolosidad del carbón. Nos hemos fundido con su color azabache hasta el punto de no saber quién era quién. Y nos la hemos jugado. Nos hemos adentrado en las entrañas de la tierra. Incesantes. Para que ese niño no gritase cuando las tripas le desgarraban por dentro pidiéndole algo. Un abrazo, quizás.

Hemos hecho la guerra. Matado a sangre fría, sin ni siquiera lamer la herida.

Hemos hecho de las balas nuestra forma de conversación. Balas en el aire. Da igual cual sea el franco.

Hemos impuesto barreras entre tierras, naciones, paises, ciudades, aldeas y personas.

Hemos hecho de la miseria nuestro placton diario. Lo peor es que nos ha gustado. Como cabrones hemos repetido las jodidas pautas mentales establecidas. Y las seguimos recreando.

También nos hemos amado. Tanto hasta arrancarnos el corazón del pecho; ventrículo izquierdo, derecho, arteria horta y vasos capilares. ¿El objetivo? Sentir el odio brollar por las arterias, plasmado en los ojos inyectados en sangre.

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Florecilla junto el río Guadalquivir. Triana, Sevilla.

Tempus fugit

Los árboles teñidos de color pomelo me recuerdan la fugacidad de la vida.
Tempus fugit, amigos, tempus fugit.

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Hoy, miércoles. Pilladas a las 7.30. El metro no es el mejor escaparate para ellas, pero su belleza es superior a todo eso.

Me inspiran una estraña nostalgia por los ocasos de verano. Por nuestras pieles mojadas.

Polvo

¿Qué es lo que nos empeña a escribir?

¿Lo de buscar la belleza en la retórica de estas letriñas apiñadas, tal vez?

Tal vez por que somos hervideros de ideas. Incesantes e incapaces de parar esta locura mental.

He visto un pájaro de cuello azulado posarse en una rama. Me lo he quedado mirando, absorta, a través de las rejas de la oficina.

Sí, rejas. Cual cárcel cruel en la que servidora ha decidido entrar y formar parte. Parte de este compendio de maniquies automatizados por las corrientes sociales del momento. Por las pantallas parpadeantes, siendo ordenados por los escaparates luminiosos llenos NADA.

Para huir. Para huir de la realidad asquerosa que sostenemos entre nuestras manos, muy gustosamente. Por que ya no podemos soportar ni una sonrisa artificial más. Sí, de esas de usar y tirar, de las take-away que ahora ensalzan tu Ego hambriento en Instagram.

Somos seres desquiciados entre tanto árbol de cemento, entre tanto adoquín, gas, humo de tristeza, polvo negro. Cuando lo que necesitamos es eso. Un puto polvo.

30 Septiembre, 2015

Hoy es un miércoles otoñal. Hoy es día 30 de setiembre del año 2015.

¡Oh! Ni me había dado cuenta que los días del calendario me habían arrastrado hasta fin de mes. ¿Tan pronto? Va. Hagamos tregua y juguemos a que aún queda algo de los atardeceres veraniegos con los grillos de fondo, ric ric, ric ric, ‘a-por-otra-birra’, ric ric.

Sí, pues iba a hablar de una cosa. O de varias pues me considero una mente caótica, desesperada, acelerada y que va de un lado a otro sin terminar lo que ha empezado (si lo pienso bien, las birras).

Hay una extraña sensación en estos días otoñales, en los que llueve, hace viento fresco – aunque no frío- pero vaya, que prefieres no estar en la calle. Hay una fuerza que me empeña a encerrarme en mi misma, a dedicarme a MI INTERIOR. A nadie más. Me incita a leer, a escribir, a soñar, me envuelve una sensación de estar a salvo.

Vallfogona de Balaguer (Lleida) 6 AM
Vallfogona de Balaguer (Lleida)
6 AM

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Ese punto

Me encuentroen ese punto. ‘El’ punto. Jodido.

Miro por la ventana y hay nubes espesas en el cielo. Poco esperanzador, la verdad.

Pongo la tele. No veo más que disparos envenenados. No, gracias. Prefiero undirme en mis pensamientos de soleadad, entre tonalidades grisácieas. Muy acordes con el día de hoy.

Qué quieres que te diga, hay veces, como hoy, que no encuentras la ‘eso’ que te da aliento para tirar adelante. No sabes qué coño es todo esto. Y miras la estructura de vida que te has venido montando estos años… y  no la reconoces. No se está agusto. Entonces escribes, claro, puesto que es la única forma de sacar toda mierda, almenos, sin disparos de por medio.

Giras un poco más la cabeza. Ahí estan tus amigos. Y tus fines de semana. Tu barra del bar /hecha segunda casa/ y tus cañas, esperándote. Y tú ansioso, claro, por bebértelas de un trago creyendo que así se te olvida todo. Bebértelas como te bebías esos labios que ahora ya no están.

Tengo sobre stock de caricias. Te las iba a dar todas. Pero ya no es el caso.

A veces, pienso en cómo será mi situación respecto a la gente de mi entorno entro de unos meses. ¿Habrán desaparecido? ¿Seguirán a mi lado? ¿Por dónde fluirá todo este entresijo sentimental? Cuando al final pasan los meses, me acuerdo de esos pensamientos y me sorpendo lo ingénua que siempre soy, pues siempre caigo. La vida siempre me sorprende y me rompe los esquemas.

Me encuentro en el sofá de mi casa. Sospecho que empiezo a ser una yonki de la piel.

Pero de la tuya.

Y de tus besos ahogados.

Mañaneo

El sábado mola.
Y más si esta coronado por un sol exhuberante en el cielo celeste y desprovisto de nubes.

Bien, alguna nube suelta y perdida por ahí si que anda. Me recuerdan a mi, vagabundeando por estos lares, entreteniéndome en cualquier cosa y a veces, parando a reflexionar sobre mi destino.

Reflexiones infroctuosas, claro está. Laa conclusión nunca es clara. Es más bien translucida tirando a jodidamente opaca. Ya sé que llevo las gafas sucias, ¡ya lo sé! Pero tampoco creo que sea de ayuda limpiarmelas.
Me juego un pie, el más pequeño, a que si me las limpio la neblina de la incertidumbre sigue ahí, saludandome y dandome conversación. Muy maja ella, dí que sí.